IDENTIDAD

» Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es ondenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo nigénito de Dios.

Juan 3:16-18

Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

Romanos 12:1-2

En ALTAR creemos que Dios redimió al hombre, eso quiere decir que lo rescató y que el precio de ese rescate fue la muerte y resurrección de Jesús para que el ser humano vuelva a tener comunión con EL.

Pero también creemos que el hombre se apropia de esa redención cuando se rinde a Dios de todo corazón creyendo en lo que Jesús hizo a su favor, porque …

Es en el ALTAR de la  EDENCIÓN donde podemos experimentar el abrazo REDENTOR de Dios que nos cambia la vida.

En ALTAR vemos nuestra persona, nuestras familias y nuestra comunidad de fe como un lugar de encuentro entre Dios y el hombre. En donde Dios da redención con todos sus beneficios al ser humanos y donde el hombre se entrega en rendición completa a Dios.

Por eso en ALTAR buscamos ser una iglesia que cuando alguien se encuentra con nosotros, con nuestras familias y con nuestra comunidad de fe:

  1. SIENTA que el reino de Dios con todo su poder está al alcance de ellos.

  2. EXPERIMENTE la transformación de Dios en sus vidas, familias y comunidades.

  3. ENCUENTRE discípulos de Jesús con los que pueden crecer personalmente (Altar Personal), edificar sus familias (Altar Familiar) y ser parte de una comunidad de fe y de servicio (Altar en Comunidad) en la que el buen pastor, el Señor Jesús, pastorea sus vidas y donde a través de ellos mismos, otros se encuentren con el abrazo redentor de Dios.

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